martes, 12 de febrero de 2013

El último procurador de Tierra Santa

Este año se cumple el primer centenario del nacimiento de Fray Basilio Río Brenlla.



Artículo publicado originariamente en EL CORREO GALLEGO - Autor Xosé Manuel Lema  xmlema@anosacosta.es   @xmlema




Hace cien años que nació el último procurador general de Tierra Santa. Y lo  hizo en la aldea de Vilartide, en San Salvador de Padreiro(Santa Comba). Basilio Río Brenlla llegó a ostentar el puesto más poderoso en la custodia  de los lugares sagrados, por su influencia y por los recursos económicos que manejaba. Y a recibir la insignia de Isabel la Católica.



Pero su importante trayectoria no lo convirtió en un personaje famoso. No
tiene una calle en Santa Comba, como su compañero Eliseo Seoane, ni tampoco  ha recibido ningún homenaje especial. En su parroquia lo recuerdan como un  "cura" que fue muy popular. Pero poco más. Hay quién lamenta "que sexa un persoeiro que quedou nun segundo plano".



Basilio Río se marchó con catorce años al Seminario de Herbón, donde estudió tres cursos antes de ingresar en la orden que sigue los ejemplos del santo de Asís. Estudia filosofía y letras,  teología y música. Al terminar estos aprendizajes  es ordenado sacerdote. Corre el año 1941. Durante los nueve años siguientes Fray Basilio ejerce como organista y se dedica a enseñar música en los centros franciscanos de Santiago, Ponteareas y Herbón.


Será en el año 1950 cuando la vida de Fray Basilio Río cambie sustancialmente. Decide incorporarse  a la misión de Tierra Santa. Despuésde una breve estancia en el Santo Sepulcro, iniciará una vinculación de tres décadas con la Procura General, situada en el convento de San Salvador. Los primeros trece años como ayudante del Procurador y los otros trece como Procurador General. El último que hubo en la historia.

Su responsabilidad no le impidió seguir vinculado a su otra pasión, la música y de desarrollar numerosas actividades solidarias a través del comité de beneficencia de Jerusalén.En 1973, Río Brenlla recibe el reconocimiento de la Encomienda de Isabel la Católica en el madrileño palacio de Santa Cruz, de manos del subsecretario de Asuntos Exteriores, Gabriel Fernández que  elogia públicamente su labor.


Y continuará con su relevante gestión en la "perla de las misiones" hasta
que en 1983 el Vaticano comienza a aplicar un acuerdo que había comenzado a gestarse años atrás con el gobierno de  la transición, presidido por Adolfo Suárez y que fue madurando a espaldas del Parlamento. Se trataba de un caso de negociaciones diplomáticas secretas, tal y como había denunciado la diputada de Coalición Democrática, María Victoria Fernández España.


Fray Basilio fue uno de los franciscanos que expresó su malestar ante las autoridades, entre ellas, el Rey  Juan Carlos I. Ni sus quejas, ni la presión de varios diputados socialistas y conservadores pudieron evitar a la silenciosa renuncia a los históricos derechos hispanos en los santos lugares.


Intentando superar el disgusto dedica sus últimos años  al trabajo en el
Santo Sepulcro, en Betania y  Caná. Posteriormente enferma, y meses antes de su fallecimiento (en 1994) pasa una temporada en Compostela y Santa Comba. El padre siente que el camino se termina y elige su destino: "Quiero ser enterrado en el Monte Sión". Y así fue. La comunidad franciscana lo recuerda con cariño. "Un hombre tímido, de gran corazón, manso, humilde y jovial" en palabras de la máxima autoridad franciscana actual, José Rodríguez Carballo.

Un ejemplo de solidaridad. Un gallego olvidado.

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